Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2005.

Cuenta una leyenda tibetana que, al principio de los tiempos, a los árboles no se les caían las hojas.
Todo duerme bajo las aguas profundas;
Era un hombre que valoraba mucho el Amor que tenía. Lo valoraba tanto que no paraba de trabajar para acumular riquezas y así poder mantenerlo. Siempre que el Amor hablaba con él le decía: “No podemos salir a cenar Amor, tengo una reunión de trabajo” o “Es imposible que salgamos este fin de semana Amor, tengo mucho trabajo que debe estar acabado el lunes”. Hasta que un día el Amor lo abandonó.
Paseando por los diarios me he encontrado con un comentario que más o menos decía así: “Sigue así, escribiendo para ti, porque en cuanto escribas para los demás dejarás de ser tú mism@”. 
No me gustan los que mandan mucho.
Si supieses el placer que me invade sintiendo cómo tus manos se deslizan por mi cabeza buscando las raíces de mi pelo para enredarlas con tus dedos, provocándome ese cosquilleo que cautiva mis sentidos…
Soy palabra…
Te casaste con ella y eres feliz. Cómo no ibas a serlo si es la mujer que siempre habías deseado. Por quién luchaste durante largos años haciéndola tuya con paciencia, con amor, con grandes dosis de comprensión. Es sabido que, aún no siendo una verdad inmutable, los hombres tendemos a querer lo que nos cuesta y a despreciar lo que nos es propicio.
Al leer las niñerías que monocamy describe como gamberradas en su artículo del día 19 , no puedo por menos que sonreírme y recordar aquellas que hice, “sólo o en compañía de”, allá por los tiernos años de la adolescencia. En particular recuerdo un día en el que, por muy poco, no acaba con mis huesos en un centro para menores ... (... MAS)
Érase una vez (y muchas) un hombre que cuando se aburría se enamoraba. En sus horas libres, que eran pocas, sentía la necesidad de desplegar su amor en alguna mujer. Como era un hombre de muchos recursos, inteligente, simpático y atractivo, las mujeres para enamorarse no le faltaban. El enamoramiento le duraba lo que le duraban sus ratos de ocio así que, como eran pocos y de corta duración, siemp... (... MAS)
En las aulas no se hablaba de otra cosa que no fuese del incidente musical de la mañana. En la clase donde me encontraba me senté en el mismo banco que mis dos buenos amigos, Vallcorva y Antonio. Bueno. Lo cierto es que este último no se llamaba Antonio. Su verdadero nombre era (y es) Peter Ivailo Antonov Andruskova. Si, si. Ruso. Soviético en aquella época. Pero como el simple hecho de ser sovié... (... MAS)Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/